El CONSUMO COLABORATIVO Y LAS TECNOLOGÍAS DISRUPTIVAS

Llevamos varias semanas escuchando hablar mucho sobre “Uber” y “Bla Bla Car”, incluso hemos leído y escuchado que la Comisión Europea ha rechazado prohibir estos servicios y ha indicado que tienen que ser los propios países quienes regulen en este aspecto. Como siempre ha pasado en la historia, la aparición de tecnologías disruptivas causa un gran revuelo en los sectores tradicionales, generando mucho temor y recelo. Pero nada más lejos de la realidad.

En esta ocasión se han juntado el uso de las nuevas tecnologías y el consumo colaborativo, potenciándolo y llevándolo a un nuevo escenario muy interesante. Pero vamos por partes: compartir coche entre particulares como proponen “Bla Bla Car” y “Uber”, es algo que hemos hecho siempre aunque de forma casual. Ha sido el desarrollo de las redes sociales lo que ha llevado a un nivel superior a este uso compartido de coches y ha provocado una auténtica revolución dentro de sector del transporte de personas por carretera, poniéndolo patas arriba. Pero ¿cómo es posible que “Bla Bla Car” pueda competir con las compañías de líneas regulares de pasajeros sin tener un solo autocar? O ¿cómo “Uber” puede provocar tanto pánico en el sector del taxi de Barcelona y/o Madrid con sólo el anuncio de su comienzo de actividad en dichas ciudades? Ese es simplemente el efecto que provocan las tecnologías disruptivas. Los sectores tradicionales no son capaces de adaptarse al nuevo paradigma que proporcionan estas tecnologías disruptivas que vienen a revolucionar todo.

“Bla Bla Car” está haciendo que las compañías de líneas regulares de pasajeros, los autobuses de ruta, vean reducido su número de pasajeros de forma drástica y les toca ahora ponerse a competir con usuarios que ponen su coche a disposición de otros usuarios para hacer un viaje compartiendo gastos, lo que supone un gran reto para estas compañías.

Pero el caso de “Uber”, que acaba de desembarcar en Barcelona, va aún más lejos: ofrece un servicio donde el usuario sabe cuánto le va a costar el trayecto; lo va a poder pagar con el Smartphone sin necesidad de llevar dinero encima; podrá elegir al conductor en función de su bio o las calificaciones de otros usuarios; elegir el tipo de vehículo que necesitas (si vas a una reunión de trabajo igual te interesa ir en un tipo de coche determinado); y todo eso desde una app en nuestro Smartphone. Cosas simples y que nos parecen normales en otros sectores, pero que precisamente en el sector del taxi no son muy frecuentes, especialmente saber el precio del trayecto.

La respuesta de los taxistas ha sido la normal en estos sectores tradicionales, poner el grito en el cielo al ver peligrar su sector prácticamente invariable en los últimos años, e intentar que el gobierno de turno ilegalice la nueva competencia. Pero lo que no hemos visto es hacer una reflexión profunda en el sector y nadie se ha preguntado por qué han aparecido estos nuevos servicios, que lo único que han hecho es dar respuesta a las necesidades de los usuarios que se han obviado en estos años. La solución, desde mi punto de vista, no está en prohibir “Uber” o “Bla Bla Car”, está en adaptarse a las nuevas tecnologías y reinventarse. ¿Habrá pensado algún taxista de Barcelona en registrarse en Uber? Quizás no sea la solución, pero igual es un primer paso mejor que prohibir y legislar en contra de la innovación una vez más.

Si nada más empezar la tormenta hay ya muchas reacciones adversas, ¿qué sucederá cuando llegue el todopoderoso Google con su coche autónomo?

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