Cambio climático y energías renovables

Estos días se está celebrando en Nueva York la cumbre sobre el cambio climático de la ONU con la presencia de muchos de los mandatarios mundiales, aunque no están todos, lo que ya nos indica que servirá de poco como últimamente pasa con todas estas cumbres. Hay demasiados intereses económicos que frenan cualquier tipo de acuerdo para evitar el desastre. Incluso aún hay personas, como nuestro querido presidente y su primo físico en 2007, que niegan la existencia del cambio climático.

Afortunadamente no todo está perdido. Si nos ponemos las pilas y se toman medidas efectivas para los próximos 20 años, podríamos estar ante el inicio de la solución del problema y evitar así la prevista catástrofe.

El impulso de las energías renovables y la eficiencia energética podrían ser el principio de la solución. Pero las energías renovables no gustan a todo el mundo porque son energías “democráticas”. Gracias a estas energías somos capaces de llevar la electricidad a cualquier lugar del planeta por remoto que sea y difícil sea su acceso, pero si además le sumamos la posibilidad de contar con un Smartphone, tenemos a pueblos aislados conectados con el mundo. De esta forma se puede contar lo que está pasando en estos remotos lugares, lo que no es del agrado de todos. En definitiva las energías renovables favorecen una globalización justa y no excluyente.

En España hubo un tiempo donde parecía que se estaban haciendo las cosas en el camino correcto con un gran impulso de las energías renovables, solar y eólica como punta de lanza, lo que nos llevó a liderar a nivel mundial el sector sin ser desarrolladores de tecnología (“¡Que investigue otro!”), lo cual tiene mucho mérito. Pero entre la llegada de la crisis y la amenaza que suponían sobre las grandes eléctricas, se decidió cargar el muerto del déficit tarifario (ese concepto tan difícil de entender y más difícil de auditar) a las renovables y así eliminar cualquier tipo de ayuda o subvención que recibían, cuyo fin era desarrollar la tecnología y favorecer su implantación. Y para darle la puntilla al sector, tumbaron el decreto de autoconsumo: está feo que consumamos la electricidad que producimos en nuestros techos con unas placas solares y no se la compremos a esas grandes empresas que un día, no lo olvidemos, fueron públicas.

A consecuencia de todo esto nos hemos cargado un sector en alza en este país, con una capacidad de generación de empleo directo impresionante, por el simple hecho de satisfacer a las grandes compañías del sector que veían peligrar su pingüe negocio. Y evidentemente ni el déficit tarifario ni la factura eléctrica han bajado.

Sin entrar en la nula política energética de España, que simplemente se basa en legislar para conseguir un buen puesto en un consejo de administración, sí me gustaría hacer algunos apuntes sobre la capacidad de nuestro país y sus recursos energéticos y cómo los desaprovechamos.

Cuando pensamos en los recursos energéticos de nuestro país todos pensamos en petróleo, gas y carbón, de lo que andamos escasos, tenemos poco o nada y si tenemos es de mala calidad. Pero España es muy rica en recursos energéticos y además en recursos inagotables que es lo mejor: tenemos sol, viento, biomasa (inagotable bajo una gestión eficiente), mares y en menor medida geotermia. Podríamos decir que lo tenemos todo, pero parece que ese todo  no sirve para producir la energía que necesitamos y es mucho mejor comprar el petróleo a otros países.

Seguramente, de la energía solar y eólica es de las renovables que más se habla, tanto para lo bueno como para lo malo. Pero también tenemos la energía procedente de la biomasa, que es la gran olvidada de este país y la más importante, desde mi punto de vista. Cuando hablamos de biomasa nos referimos tanto al aprovechamiento directo de la misma, como a la transformación en biocombustibles. De todas las energías renovables la biomasa es la más social y la que más puestos de trabajo puede generar. Pero además tiene unos efectos secundarios muy agradables: podemos combatir incendios gracias a la gestión energética de las masas forestales, eliminamos residuos tanto agrícolas como urbanos, su gestión genera recursos económicos a los agricultores y ganaderos, genera empleo en zonas rurales y desfavorecidas… Entonces ¿por qué España no vuelca gran parte de sus esfuerzos en este recurso? ¿Qué intereses puede haber en el desprecio de la administración por estas tecnologías? ¿Somos idiotas o es que sencillamente no tenemos sentido común?

Un dato curioso: originalmente los primeros coches funcionaban con lo que hoy llamamos biodiesel y/o biocombustibles, pero la bajada de precios del petróleo en 1940 hizo que se sustituyeran por el oro negro que tantos quebraderos de cabeza nos da tanto en lo económico como en lo ecológico.

¿Y AHORA QUÉ HACEMOS CON LAS TABLETAS?

En su conferencia del martes pasado Apple ha anunciado el muy esperado Apple Watch para entrar de lleno en el sector de los wearables, que como ya dijimos hace tiempo, han venido para quedarse entre nosotros, y por supuesto han anunciado su nuevo Smartphone: el IPhone 6 con una versión Plus, una phablet de 5,5 pulgadas, lo que es una grandísima noticia para el sector que tanto estaba esperando este lanzamiento. Para el que no esté muy familiarizado con el término “phablet”, es como se conoce a los Smartphones de pantalla grande de entre 5 y 7 pulgadas, un híbrido entre una tableta y un teléfono.

Últimamente Apple llega un poco tarde o simplemente le cuesta innovar; han sacado su smartwatch cuando ya hay segundas versiones de otras marcas y su phablet es muy similar técnicamente al Nexus 4 que lanzó Google en 2012, que además costaba la mitad que el nuevo IPhone.

Pero volviendo al tema que me ocupa hoy, el sector de las phablets parecía una moda un poco rara, más cosa de los coreanos, chinos y japoneses, pero si Apple ha decidido finalmente, con un año de retraso, entrar en este sector será por algo.

Cuando en el 2010 Steve Jobs sorprendiera al mundo con el primer Ipad parecía que el mundo iba a cambiar otra vez con uno de los inventos del genio, muchos se aventuraron a condenar a muerte a los portátiles y PC del mundo, ¿quién los necesitaba teniendo un Ipad? Cierto es que las tabletas sí que acabaron con un tipo de portátiles, los llamados Notebook, esos mini portátiles de 10-11 pulgadas que no servían de mucho todo sea dicho. Y efectivamente las tabletas en 2013 superaron las ventas de ordenadores portátiles y sobremesa juntos, unas cifras impresionantes.

Pero según algunos datos adelantados de este año, parece que las ventas están sufriendo un ligero descenso, se están desacelerando. Para este 2014 se espera un incremento de ventas, pero muy inferior a lo estimado al inicio del año. Estos datos pueden significar que el mercado ya está saturado o quizás sea otra cosa.

Desde que se lanzaron las primeras tabletas nos hemos acostumbrado a llevar muchos dispositivos encima, nuestro Smartphone, la tableta e incluso un portátil. Además de todos estos dispositivos, había que llevar sus correspondientes cables, pero como eso era muy incómodo el gran damnificado de todo esto fue el portátil: al final empezamos a dejarlo en casa (renunciando a muchas comodidades y utilidades aún no conseguidas en dispositivos móviles) y salir a la calle sólo con el Smartphone y la tableta. Entonces un buen día empezaron a aparecer unos Smartphone muy grandes, que casi parecían una de esas minitabletas, y resulta que ahora es cómodo leer en ellos el correo, el periódico,… la experiencia del uso de esos Smartphone es similar a la de una tableta ¿podrá convertirse en un producto sustitutivo?

A too esto, desde hace poco Microsoft se ha unido a esta fiesta con su lanzamiento del Windows 8 orientado al sector tabletas e híbridos, esos portátiles con pantalla táctil (¿Qué haría yo sin mi hibrido? Ya se me hace raro usar un ordenador sin pantalla táctil) y el Windows Phone para sus teléfonos, que está entrando con mucha fuerza en algunos mercados como el sudamericano.

A las queridas tabletas les han salido muchos competidores que les ponen las cosas muy difíciles. ¿Estarán condenadas a ser un producto de herencia para que nuestros hijos jueguen? Y ¿qué pasará cuando crezcan y ya no quieran esos “armatostes” sino algo más cómodo y sencillo de transportar? Yo la mía la tengo abandonada por casa y creo que no soy el único.