¡¡QUE VIENEN LOS PIRATAS!!

Este viene siendo un tema un poco recurrente en mis columnas, pero cada cierto tiempo parece que nos invitan a hablar sobre esto. Y en esta ocasión viene dado por la publicación del informe del observatorio de piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales de 2014. Sólo el título ya deja clara su intención.

El informe termina hablando del lucro cesante o lo que dejan de ganar las distintas industrias afectadas por la piratería en este país, del número de empleos directos que se crearían si no hubiera piratería y de los impuestos que se generarían para las arcas del Estado. Como ejemplo podemos decir que la piratería está evitando que se creen 29.360 empleos directos; que la industria del fútbol tiene un lucro cesante de 227 millones de euros y el valor de esta industria seria x 1,24 veces el valor actual; o que la industria musical tiene un lucro cesante de 410 millones de euros y su valor seria x 2,4 del actual.

Si tenemos en consideración estos números, que habría que cogerlos con pinzas (hasta el gobierno de EEUU dice que los números que da la industria sobre piratería no son creíbles) sorprende mucho la pasividad de estas industrias frente a la piratería. Sólo piden acción al gobierno pero no hacen nada para solucionarlo.

Las conclusiones del informe nos harían llevar las manos a la cabeza y clamar al cielo pidiendo ayuda divina. Hasta ahora la única vía para combatir la piratería es legislaciones tipo “Ley Sinde”, que como se demuestra son ineficaces y no solucionan la raíz del problema, no consiguen nada. Criminalizar o cerrar páginas de enlaces no sirve de nada si no va acompañado de otras medidas constructivas dentro de la industria.

Lo que sí demuestran estos números es la gran demanda que tiene el mercado de este tipo de contenidos digitales que no está satisfecha y que encuentra en la piratería la única forma de satisfacerse. El problema de la piratería se combate con oferta, con una oferta seria, competitiva y que se adapte a la demanda. Evidentemente, siempre habrá quien prefiera descargarse ilegalmente una serie que pagar por ella, pero serían los menos.

Por ejemplo, en el caso de la música, dudo mucho que gracias a servicios como Spotify o Pandora (que no está disponible en España) los datos de piratería sean los que dicen. Para qué vas a perder el tiempo buscando una canción por Internet con sonido de calidad, si en segundos la estas disfrutando en un servicio de música por streaming y la puedes escuchar en cualquier dispositivo.

Donde aún no han sido capaces de reaccionar y van con mucho retraso es el mundo audiovisual, las series, películas e incluso el fútbol, que siguen anclados en un modelo arcaico. Hace bien poco ya hable de Netflix en estas páginas y de las dificultades que tenía para implantarse en España. Si el público descarga series es porque quiere verlas. Jeff Bewkes, director ejecutivo de Time Warner, propietaria de la cadena HBO, dijo hace tiempo que “nuestra experiencia es que (la piratería) conlleva más suscripciones de pago. Pienso que estás en lo cierto sobre que Juego de Tronos es la serie más pirateada del mundo. Eso es mejor que un Emmy”.

Afortunadamente son cada vez más los creadores y directivos de empresas que han entendido que la piratería no se combate con leyes, se combate con contenido de calidad y ajustado al consumidor, orientando la industria al consumidor. Cuando la industria sea capaz de entender que el centro del negocio son los consumidores y que todo lo tienen que hacer es para y por ellos, dejarán de exclamar temerosos: “¡¡que vienen los piratas!!”.

CROWDFUNDING O CÓMO MORIR DE ÉXITO

Hace algún tiempo hablé en estas mismas páginas sobre una nueva tendencia que había surgido a la hora de financiar proyectos y empresas, el Crowdfunding. Ya entonces comenté que esta nueva vía para obtener financiación estaba cada vez más de moda, especialmente entre las Startups más tecnológicas.

A día de hoy sigue siendo una alternativa muy interesante para la obtención de financiación por parte de empresas que ven cerrado el crédito por las entidades financieras, pero de un tiempo a esta parte también se ha convertido en una herramienta más de marketing que una herramienta financiera. Hay muchos ejemplos, especialmente en proyectos tecnológicos, donde las pretensiones económicas que tienen para lanzar el producto en muchos casos llegan a ser cantidades ridículas, y esto se debe a que estos proyectos no buscan financiación, buscan difusión, notoriedad en la red y dar a conocer el proyecto.  Y qué mejor forma para estos fines  que una buena campaña en una plataforma de Crowdfunding, más aún si consigues superar con creces el importe de tu pretensión, lo que claramente llama mucho la atención. Como ejemplo, esta semana Pebble ha sacado un nuevo Smartwacth y en sólo dos horas tenían la financiación que pedían y ya llevan más de 10 millones de dólares recaudados cuando sólo necesitaban medio millón. Han batido todos los records de financiación y evidentemente la noticia está en todos los medios de comunicación.

Si nos ponemos puristas, estas acciones no dejan de ser una perversión de este modelo de captación de inversión que tan buen resultado está dando a muchos emprendedores y Startups, aunque no siempre es oro todo lo que reluce.

El Crowdfunding tiene un gran riesgo que no siempre es evaluado correctamente por los emprendedores. Para empezar, estas campañas tienen un coste: las plataformas de Crowdfunding cobran en torno al 4% de lo que recaudes, más los gastos de gestión de pagos tipo PayPal que es oscila entre 3-5%, más los gastos en el cambio de divisas, lo que puede suponer en torno a un 10% de lo que ingreses simplemente por lanzar la campaña. Estos costes son fáciles de tener en cuenta y de cuantificar, pero hay otros que son más difíciles de determinar y tener en consideración, y es ahí donde muchos se estrellan y tienen problemas, llegando al punto de llevar al fracaso el proyecto, especialmente cuando se trata de proyectos con una carga tecnológica e innovadora muy fuerte. Y para ejemplo, un botón:

En 2013 un emprendedor lanzó un mando para videoconsolas (Delta Six)que pretendía revolucionar el mundo de los FPS (juegos de disparos en primera persona). El proyecto fue un éxito, consiguieron casi $200.000, el doble de lo que pedían y tenían cerca de 1.000 backers o “patrocinadores”, de los cuales casi todos habían pagado por adquirir un mando. La campaña terminó en Junio de 2013 y tenían previsto entregar los mandos en diciembre de ese año. Pues bien, a día de hoy sólo una ínfima parte de los backers han recibido el suyo. ¿Qué ha pasado? Muy simple, esta campaña ha muerto de éxito. Tenían un proyecto muy innovador, con una carga tecnológica muy fuerte y una serie de condicionantes que seguro que no los tenían previstos  (¿Sabíais que hay que hacer una versión para daltónicos del mando? Ellos tampoco cuando lo lanzaron…) Desde el primer día les surgieron problemas técnicos, de costes, de logística, de control de calidad… y un largo etcétera de conceptos que no tuvieron en cuenta o se cuantificaron de forma errónea en el lanzamiento del proyecto. Con toda seguridad se planteó la campaña de Crowdfunding como una acción más de marketing y no como un medio financiero. Al final, el proyecto lo compró otra compañía, despidió al equipo que lo lanzó y lo culpa de todos los males para justificar sus acciones frente a los backers: se han saltado los términos y condiciones de Kickstarter y exigen a los backers el pago de los gastos de envío que estaban incluidos en la aportación que se hacía inicialmente. A pesar de las denuncias de los usuarios, a día de hoy Kickstarter se ha lavado las manos en este asunto. Al final lo que parecía un gran producto, con un interesante futuro parece más cerca del fracaso que del éxito que auguró la campaña de financiación. Y casos como este hay muchos, donde el éxito de la campaña supone el fracaso para los emprendedores.

Una recomendación para lanzar un proyecto de Crowdfunding es pedir entre un 120-130% de lo que necesitas para evitarte sorpresas y buscarte un buen equipo gestor que te ayude… o puedes correr el riesgo de morir de éxito.