DEFENDER LO DE TODOS

Acabamos de pasar un proceso democrático en nuestro país que ha hecho temblar los cimientos de más de una casa y ha dejado un panorama muy interesante tanto en Ayuntamientos como en las Comunidades Autónomas donde se ha votado. Han entrado nuevos partidos, y los viejos han perdido mucha cuota de poder.

Las cosas han empezado a cambiar a nivel político en España. Hasta ahora, nos han vendido la moto de que la gestión privada de los servicios públicos era mucho más eficiente que una gestión pública, y bajo esta excusa se han privatizado siempre estos servicios a costa del ciudadano. Pero algo ha cambiado en la ciudadanía española que no termina de creerse ese discurso de la gestión privada y está empezando a exigir un cambio vía votos, porque una gestión publica puede ser tan eficiente o más que una gestión privada, sólo depende de la voluntad pública que la gestiona.

No se trata de reivindicaciones populistas ni chavistas como pretenden hacernos ver, se trata de reivindicaciones muy serias con fuertes argumentos económicos que demuestran que la gestión pública puede ser tan eficiente, incluso mejor que la gestión privada, y para los más escépticos vamos a ver un ejemplo muy interesante: la remunicipalización del agua en Paris. Hace unos años París decidió que no se podía dejar en manos de empresas privadas la gestión de un bien tan básico y tan fundamental como el agua a una empresa privada, y remunicipalizó el servicio en 2010, que estaba en manos de Veolia y Suez hasta ese momento. Además de París, Hamilton en Canadá, Buenos Aires, y recientemente Berlín han optado por remunicipalizar este servicio. En muchos casos la remunicipalización de los servicios de agua se ha debido a un fracaso de la gestión privada, pero el caso de Paris es distinto, se decidió remunicipalizar el servicio al entender que las empresas gestoras estaban anteponiendo sus beneficios a corto plazo a la sostenibilidad del servicio a largo plazo, considerando el agua como un bien con el que comerciar y a los ciudadanos como meros clientes, olvidando que ofrecen un servicio público.

Un dato muy significativo es que en casi todos los casos que se ha optado por remunicipalizar este servicio, se ha obtenido un importante ahorro a corto plazo: París ahorro unos 35 millones de euros el primer año. En muchos casos, este ahorro ha permitido invertir en infraestructuras que mejoran el servicio a largo plazo y en el caso de París, además, ha sido posible reducir un 8% la tarifa respecto al año 2009, último año de gestión privada. Además se pueden aplicar políticas sociales y garantizar el acceso de agua a los menos favorecidos, en Buenos Aires la gestión pública garantizó el suministro a las clases más desfavorecidas.

La gestión pública en todos los casos ha permitido cambiar la concepción del servicio, garantizando la calidad del mismo a largo plazo al primar las políticas medioambientales, sanitarias y sociales frente a las políticas económicas de las empresas privadas, donde prevalece el beneficio a corto plazo.

Evidentemente no ha sido un camino de rosas para estas ciudades, pero con un poco de voluntad política para una gestión eficiente, se consiguen mejoras sustanciales frente a la gestión privada, ya que una empresa pública o administración no tiene que preocuparse en maximizar su beneficio, como sí lo tiene que hacer una empresa privada, y eso le deja a lo público mucho margen para mejorar la calidad y el alcance de los servicios que ofrecen.

Que la gestión del agua, un bien fundamental para la vida cada vez más escaso, esté en manos de empresas privadas, me parece una locura. La gestión integral del ciclo del agua es básica para nuestro futuro y no podemos dejarla a los intereses económicos de una empresa. Y aunque aún puede ser pronto para evaluar estas experiencias, los inicios parecen muy prometedores y dan la razón a los que defienden la gestión pública de sectores estratégicos. No es una cuestión ideológica; podemos decir que es una cuestión económica, ecológica y social que permite garantizar a largo plazo un servicio fundamental, evitando la utilización mercantilista del mismo. Y para terminar, un ejercicio: donde digo agua, aún a riesgo de parecer loco, podría decir sanidad, gestión de residuos, ¡¡la luz!!…

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